Sábado, 21 de Julio de 2018

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    Gibraltareños en las filas de los revolucionarios liberales españoles (I)

  • Tumba de los liberales fusilados en 1831. Cementerio de San Miguel, en San Roque. Foto APG
    Antonio Pérez Girón

    Para muchos de los vecinos que tradicionalmente engalanan las tumbas de sus seres queridos en el cementerio sanroqueño de San Miguel, pasa inadvertida una con  obelisco terminado en una cruz de hierro. Situada en el primer patio de la zona antigua --el que más historia contiene entre sus sepulcros--, tiene a su lado la de Miguel de los Santos Ayllón, quien donara el dinero necesario para la construcción del camposanto.  Se trata de la tumba de los liberales fusilados en 1831 en San Roque y Campamento.

     

    Los cuerpos de los veinticuatro revolucionarios por la libertad fueron sepultados en principio en sendas fosas comunes. Pertenecían al grupo del general liberal Salvador Manzanares, alzado en armas contra el absolutismo. Los ejecutados eran de San Roque, Gibraltar, Algeciras, Málaga, Crevillente, Coín, Barcelona, San Fernando, Almuñécar, Bilbao y Brasil.

     

    Llama la atención la presencia de gibraltareños o residentes en el Peñón entre los fusilados, de los que poco se conoce más allá de que era un grupo de convencidos liberales, que unieron su suerte a la de aquellos compañeros decididos a acabar con el régimen absolutista imperante en España. El desconocimiento de este importante dato y el que muriesen luchando por la causa de la libertad fuera del Peñón, en un país que de manera continuada  ha reivindicado la recuperación de Gibraltar, ha hecho que sean olvidados en la propia tierra de donde procedían.

     

    A continuación recojo los nombres y los datos conocidos de estos jóvenes gibraltareños que, en mi opinión, tendrían que figurar en algún lugar de su ciudad, como homenaje a su valentía y como símbolo de la lucha por las libertades.

     

    Este grupo estaba formado por Carlos Ascanio, natural de Gibraltar, avecindado en Algeciras, de estado soltero, de 27 años de edad,  pasante de primeras letras; Juan Gómez, natural de Algeciras, vecino de Gibraltar, soltero, de ejercicio marinero, edad 18 años; Alonso Águilas, natural de Coín, vecino de Gibraltar, soltero, de ejercicio cigarrero, 17 años; Gaspar Bernal, natural de Alicante y vecino de Gibraltar, de ejercicio marinero, de edad 32 años, casado con Luisa Hispa; Andrés Ribó, natural de Gibraltar, soltero, de ejercicio marinero, de edad 17 años; Antonio Bergara, natural y vecino de Gibraltar, soltero, de ejercicio cigarrero y de 20 años de edad; José Caballero, natural y vecino de Gibraltar, soltero, de ejercicio marinero, edad 22 años; Francisco Elich, natural y vecino de Gibraltar, soltero, de ejercicio escribiente, edad 23 años; Francisco José Ramón Franco, natural y vecino de Gibraltar, de ejercicio latero y de 48 años de edad, casado con Isabel Molina; Andrés Caballero, natural y vecino de Gibraltar, soltero, de oficio sastre, edad 19 años, y Pedro Antonio de la Arena, natural de Bilbao y vecino de Gibraltar, soltero, de ejercicio tratante en carnes y de 27 años de edad. Los tres primeros, fusilados en San Roque y el resto en Campamento.

     

    Durante su estancia en Gibraltar, el general Manzanares, al igual que su compañero Torrijos, había sido auxiliado por este grupo de liberales, que corrió el riesgo de ser descubierto y detenidos sus miembros. No hay que olvidar que las autoridades británicas no permitían que la población gibraltareña, a la que consideraba mera auxiliar de la guarnición militar, participara en cuestiones políticas.

     

    Llegado el momento, y tras burlar la vigilancia de los ingleses, los revolucionarios gibraltareños dieron un paso más, uniéndose al desembarco de Manzanares en la costa campogibraltareña, en el término de Los Barrios.

     

    Desembarco, por otra parte, esperado por los realistas. Ya me he referido al servicio de espionaje montado por el corregidor de San Roque Julián Ortega en colaboración con el gobernador militar del Campo de Gibraltar y las autoridades británicas del Peñón.

     

    Ortega, que había organizado la acogida de la mayor parte de la población del entonces barrio sanroqueño de La Línea tras la incursión de Torrijos en el mismo, montó su cuartel en la Casa Consistorial, donde permanecía incluso de noche y se reunía de forma permanente con los miembros de la Corporación y otros vecinos, todos armados. La detención de los primeros revolucionarios llevada a cabo en el Pinar de la Simoneta se ejecutó gracias a su servicio de información. Fue él quien también comunicó el paso de Manzanares por Guadiaro hacia Málaga.

     

    Una vez fracasada la sublevación, Ortega se dirigió al secretario de Estado y despacho de Gracia y Justicia, relacionando los nombres de cuantos habían participado en las rondas evitando que los rebeldes entrasen en la ciudad. El corregidor mencionaba a los miembros del Ayuntamiento para los que pedía alguna distinción.

     

    Su colaboración en el extermino del grupo de Manzanares le valió el reconocimiento del Gobierno, mediante una felicitación que fue extensible a toda la Corporación municipal.