Sábado, 16 de Febrero de 2019

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    La Gran Logia de España celebra su asamblea en Gibraltar

  • Documento relativo a la Gran Logia Española en Gibraltar, 1936, perteneciente al Centro Documental de la Memoria Histórica (Salamanca)
    Antonio Pérez Girón

    En la última década del siglo XIX se produjo un desarrollo importante de la masonería en el Campo de Gibraltar. La primera logia de la comarca se había constituido en 1876  (Trafalgar nº 116, en Algeciras). La actividad había sido constante, en buena medida, por la influencia de Gibraltar, donde la masonería había estado presente desde el siglo XVIII. El desastre de las guerras de Cuba y Filipinas afectó a la Orden a todos los niveles, pues se le acusó de estar implicada en la rebelión colonial. Entre 1896 y 1902 se produjo un estancamiento que se palió con la actividad masónica de Gibraltar. En 1902 inició sus actividades la logia Algeciras nº 54.

    A partir de ese año y hasta 1921 la obediencia imperante sería el Grande Oriente Español (GOE) Entre 1921 y 1936 tendría lugar un nuevo despegue de la orden. La implantación de la Gran Logia Española (GLE). Alternativa al GOE, apostaba por un mayor pluralismo en las logias. La masonería linense, la más numerosa de la zona, trabajó bajo los auspicios de la GOE desde 1905 hasta 1920.

    La irrupción de la GLE dividió la adscripción de las logias campogibraltareñas. En 1932 la GLE celebró en La Línea su Asamblea Anual, con la participación de logias de toda España y del norte de África. La anterior había tenido lugar en Madrid y, aunque la primera sesión se desarrolló en la ciudad linense, las tres restantes se desarrollaron en Gibraltar, en la sede de la logia Internacional, ya que se comprobó que en La Línea no existían instalaciones adecuadas y suficientes para acoger el acontecimiento. La propia Asamblea hacía constar que el cambio de ubicación se debía a que el taller gibraltareño pertenecía a la obediencia, y por tanto su templo, «debía ser considerado territorio español».

    Era evidente la identificación de los masones gibraltareños con los de la comarca, pues no pusieron objeción alguna a acoger a sus hermanos de España, especialmente a los campogibraltareños, con los que mantenían una estrecha colaboración. Y para los gibraltareños suponía un acontecimiento nada desdeñable.

    La Asamblea de La Línea y Gibraltar, en plena efervescencia republicana, recogió el compromiso con la recién estrenada República: «(...) precisamente en estos momentos en que la reacción, acorralada en sus cavernas  y viendo perdida la partida, se prepara y complota, esperando la oportunidad y aprovechándose de todos los medios  de que dispone, para lanzarse al combate y herir de muerte a las instituciones que han conseguido las libertades que disfrutamos, para retrotraerlas a tiempos pasados».

    Masones de España y Gibraltar confluían en una clara defensa de la nueva democracia, pero dejando claro que se mantendrían al margen de la lucha partidista. En el documento redactado en Gibraltar, la GLE manifestaba que, «en ningún caso supeditará su vida a la conducta de un grupo político. Todos ellos son respetables para nosotros, si contienen en sus programas  los puntos básicos del ideal masónico, pero por lo mismo que ellos persiguen una finalidad puramente política, no puede estar sobre la masonería ni mediatizarla siquiera, cuando ella se eleva a más altas finalidades filosóficas y humanas». Y a los que militaban en las organizaciones políticas, se les hacía saber que, «el encono de partido no le hará olvidarse de que es masón y así no combatirá al hermano que milite en las filas opuestas (...) Propagará principalmente los grandes principios de Libertad, Igualdad y Fraternidad que son la esencia de la Masonería y la esperanza más legítima del género humano».

    De otra parte, la decidida apuesta del Gobierno de izquierdas por establecer los estatutos de autonomía, encontró el respaldo de la Asamblea: «con el tiempo habrá que hacer que la estructuración del Estado español esté basado en los distintos estatutos regionales».

    En otro ámbito, ochenta y cinco años más tarde, en 2017, un congreso de periodistas, reunía en el Hotel Caleta de Gibraltar, a profesionales de la información de las dos orillas del estrecho.