Lunes, 21 de Mayo de 2018

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    La historia desconocida del hundimiento del "Anita" en el puerto de Gibraltar

  • Monumento al trabajador en Gibraltar, obra de Nacho Falgueras
    Antonio Pérez Girón

    Se había levantado a la hora de siempre, temprano, cuando las claras del día aún no habían hecho acto de presencia, y todavía quedaba un largo rato para que inundaran el paisaje de una ciudad donde persistían luces y sonidos de la actividad nocturna.

     

    Una parada en el bar de Augusto para tomar un café solo, café negro se decía. El de todas las mañanas, necesario para arrancar el turno en el duro trabajo de carbonero en el puerto de Gibraltar. Marchó hacia el edificio de la Aduana y cruzó junto a otros compañeros la verja.

     

    Subió a la lancha encargada de la conducción de los trabajadores del carbón. Ocurrió casi de inmediato. La explosión iluminó unos segundos la oscuridad de las aguas y se extendió por todo el Peñón. El trozo de metal impactó a estribor de la embarcación y comenzó a zozobrar. Todos se lanzaron a las frías aguas. Habían tenido suerte, nadie había resultado herido. Nadó hacia el muelle, al igual que el resto de compañeros.

               

    Apenas se había incorporado cuando observó que un hombre se debatía herido sobre las aguas. Se lanzó sin pensarlo y con enorme esfuerzo logró sacar al trabajador que sangraba abundantemente. Unos compañeros le ayudaron a vencer los escalones del muelle. Supo que se trataba de Pablo Trabo, uno de los lancheros del puerto, que había recibido el impacto de un fragmento metálico, resultando herido de gravedad.

               

    Eran las 5,50 horas del 13 de noviembre de 1886. Jamás lo olvidaría. Incluso, más sereno, ya en casa, contándolo a su esposa, no desechó la idea de relatarlo por escrito. Para que se recordara siempre, repetía.

               

    La explosión se había producido en el muelle de la Puerta del Mar. La lancha-vapor Anita, perteneciente a la familia Haynes, que se hallaba anclada en el costado de dicho muelle, había explosionado muriendo en el instante el patrón del barco Eusebio Bonith, el fogonero y un marinero que se hallaban a bordo. El suceso ocurrió en el preciso momento en que Bonith subió al mismo. La explosión fue de tal magnitud que dejó destruida completamente la embarcación.

               

    Distintos elementos procedentes del barco impactaron contra el techo del mercado público o fueron a parar a diferentes distancias del lugar del suceso.

               

    El Anita era un barco nuevo, pues había sido construido recientemente en la Fundición de Puerta Tierra, con objeto de utilizarlo para el transporte del correo entre Gibraltar y Algeciras.

               

    La comisión encargada de realizar el informe pericial, una vez efectuada las autopsias de las víctimas, dictaminó «muerte accidental», por efecto de la explosión de la caldera de vapor del barco, sin que pudiera precisar el origen de la misma, pues se consideró que tanto la caldera como el motor se hallaban en buen estado antes de producirse el suceso.

     

    La tragedia causó enorme impresión en todo el Campo de Gibraltar, que no tardó en movilizarse para ayudar a las familias de los fallecidos. El patrón se hallaba casado y contaba con ocho hijos. También quedaron en difícil situación los hogares de los otros dos marineros muertos, el portugués Antonio Silva y el español José Martínez.

     

    Tanto en el Teatro Real de Gibraltar, organizada por la sociedad Recreo Calpense, como en el de la vecina La Línea, a cargo de aficionados de la ciudad, tuvieron lugar funciones de teatro para paliar la situación de las familias de las víctimas.

     

    Por su parte, los trabajadores españoles del carbón se reunieron para contribuir en el socorro. Él fue uno de los promotores de la iniciativa. No le sobraba el dinero, era evidente. Tenía familia numerosa y pocos recursos, más allá del jornal ganado con su trabajo en el puerto.

     

    Recorrió casas en sus horas de descanso. Y no le bastó con eso. Junto a otros obreros españoles, después de la salida del trabajo, hizo peticiones en el propio Gibraltar.

     

    No llegó a dejar testimonio, como él quería, sobre el suceso que vivió directamente. Apenas si sabía escribir, y tampoco tenía mucho tiempo para dedicarlo a la literatura. Prefirió emplearlo en ayudar a los demás de manera anónima. Han pasado más de ciento treinta años sin que nadie conociera su historia. Se llamaba Juan González y era de La Línea de la Concepción.

  • Datos

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    Veinticuatro submarinos nucleares de la Royal Navy han hecho escala en Gibraltar en los últimos cuatro años desde que el gobierno de Picardo arrojó bloques de hormigón en aguas de la bahía, en 2013, provocando un clima de tensión con España.