Lunes, 22 de Octubre de 2018

Formulario de búsqueda

    El León Ibérico o Monumento a Gibraltar, donación anónima de un español residente en México

  • El escultor Juan Cristóbal Quesada realizando el boceto del Monumento a Gibraltar. Archivo del diario ABC
    Antonio Pérez Girón

    A los visitantes que acceden a la ciudad de San Roque por la conocida zona de Cuatro Vientos suele llamar la atención la estatua en piedra de un león orientado hacia la bahía, hacia Gibraltar. Una vez en la plaza encontrará una nueva escultura, esta vez de bronce, del patrón de la ciudad en edad juvenil, única en el mundo dedicada al santo con estas características, obra del artista linense Victor Quintanilla. 

    La población con más obra de arte urbana de la comarca tiene en el conocido como el León Ibérico a la más veterana de todas. Para mucha gente de fuera de la localidad el popular punto de Cuatro Vientos es el del «León», y a veces, el de «los leones», aunque sólo haya uno. Como tantas cosas de la vida cotidiana de las ciudades, muchas veces se desconoce su origen, pero nuestro león tiene una particular historia.

    Durante uno de los viajes a lo largo de España del periodista Víctor de la Serna, que luego serían materia de sus libros, éste llegó a San Roque, llamándole especial atención  las dos lápidas situadas en la Casa Consistorial, donde se recogía la epopeya del pueblo gibraltareño que dio origen a la ciudad. De la Serna los copió en su bloc y en un momento dado los mostró al director del diario madrileño ABC Torcuato Luca de Tena. El director del matutino envió los textos (que habían sido redactados por el cronista oficial José Domingo de Mena) a Santiago Arbós, responsable de la edición aérea del periódico para que los incluyera en el primer número de la citada edición.

    La información en papel del más escaso gramaje (Qué lejos estábamos del nacimiento de internet) llegó hasta un español residente en el estado mexicano de Chihuahua, quien solicitando que su nombre permaneciese en el anonimato, donó la cantidad de dos mil dólares para la realización de un monumento que plasmase el origen del pueblo sanroqueño y al mismo tiempo supusiera una manifestación permanente de la reivindicación de Gibraltar.

    El donante sólo autorizó a escribir que se trataba de «un español que tiene más de cincuenta años fuera de España, que siente con dolor sus propias penas y disfruta de sus propias alegrías».  

    Consecuentemente, en la base del pedestal, con un relieve del Peñón, puede leerse la leyenda, que, alusiva a Gibraltar, recuerda que la plaza no se rindió a los ingleses, sino al  bando de españoles que defendía los pretendidos derechos del archiduque de Austria a la Corona de España.

    El león comenzó a proyectarse en 1955 por el escultor almeriense Juan Cristóbal Quesada, a quien Prensa Española, editora de ABC, impuso ante la pretensión municipal de que fuese el artista sanroqueño Luis Ortega Bru. La obra se denominó Monumento a Gibraltar, y no fue entregada al ayuntamiento sanroqueño hasta finales de octubre de 1959. Al año siguiente se emplazó en el patio de la nueva capilla-mausoleo de San Felipe, levantada en la calle del mismo nombre. Un edifico dedicado también al recuerdo de Gibraltar y a los que dieron la vida por su recuperación. En la década de los setenta del siglo pasado el monumento fue trasladado al actual emplazamiento. Por su parte, la citada capilla-mausoleo, daría paso al actual Museo Municipal.

    Pero como no hay una gran historia sin su correspondiente anécdota,  cuando el reivindicativo monumento fue instalado por primera vez en el referido patio de la calle San Felipe, fueron muchos los vecinos que consideraron que la orientación de la estatua no era la más acertada, y contradecía las disposiciones del propio autor: la parte trasera quedaba expuesta a la  calle, quedando bien visible los atributos de macho del rampante animal. El cronista oficial José Domingo de Mena recogió la protesta pública, y dirigiéndose a la alcaldía, manifestó que la situación de la escultura ofrecía «el aspecto más inadecuado», o sea «el dorso o reverso de la misma».      

    De otro lado, a pesar de su interés en permanecer en el anonimato, el diario ABC convenció al emigrante español para que accediese a una entrevista para el periódico, aprovechando que se encontraba de visita en España para ver a su madre enferma. Se trataba del burgalés José Fernández Martínez. Un humilde autodidacta que había emigrado antes de la guerra civil española. Comenzó trabajando de ayudante en una tienda de comestibles, se hizo comerciante y luego ganadero en tierras mexicanas. Durante el período revolucionario de Pancho Villa se exilió en Estados Unidos, retornando posteriormente.

    El Ayuntamiento de San Roque, queriendo mostrar su agradecimiento público y permanente,  declaró hijo adoptivo a quien, admirado por su historia, había sido tan generoso con el municipio.