Miércoles, 15 de Agosto de 2018

Formulario de búsqueda

    La popular imagen del Nazareno es recuperada por los gibraltareños exiliados durante una procesión

  • La antiquísima imagen del Nazareno antes de su salida procesional este Jueves Santo. Foto APG
    Antonio Pérez Girón

    El propio comandante militar del Campo de Gibraltar, conde de Montemar lo había anticipado al Cabildo de San Roque, todavía denominado Gibraltar, pues la ciudad había sido constituida por quienes salieron del Peñón tras la ocupación inglesa. Y ese «Gibraltar en el exilio» no tardaría en movilizarse. Ya habían sido rescatadas varias imágenes religiosas de las antiguas iglesias del Peñón, pero la del Nazareno, había pasado a manos de los marinos genoveses, que solían sacarla en procesión. Y habría de ser una arriesgada procesión la que permitiría que los gibraltareños exiliados rescataran la efigie, la más popular y venerada en la actual ciudad de San Roque.

     

    En ese año de 1722, con las armas silenciadas entre ingleses y españoles, los devotos genoveses obtuvieron permiso del obispo de Cádiz Armengual de la Mota para que el desfile organizado en el Peñón llegara más allá del territorio ocupado. Nada más y nada menos se introduciría en el terreno que ahora pertenecía a San Roque, por haber asumido la ciudad la jurisdicción del término gibraltareño.

     

    Con gran fervor fueron uniéndose a la marcha procesional gentes del campo cercano y habitantes de la ciudad sanroqueña. Presenciar nuevamente al Cristo que había quedado bajo el dominio de los ingleses durante cerca de veinte años, supuso un fuerte sentimiento de emoción entre los que asistían a su paso.

     

    Al alcanzar el cortejo los terrenos del cortijo Benalife, en el actual Campamento, y cuando más confiados se hallaban los genoveses, los gibraltareños que habitaban el cerro de San Roque, de manera coordinada con las fuerzas de Montemar, se hicieron con el Nazareno. La procesión que siguió, no programada, finalizó  en el mismo San Roque, dentro de enorme júbilo.

     

    La vuelta de los marinos de Génova a Gibraltar no pudo ser más desoladora. Habían perdido a la titular de su cofradía marinera. Por su parte, para los gibraltareños-sanroqueños se había llevado a cabo un acto de justicia: la recuperación de una imagen que les pertenecía. Y que desde entonces, aparte de su significado religioso, pasaría a ser una bandera, uno de sus símbolos más destacados. A ello no es ajeno, la identificación del pueblo andaluz con determinadas figuras religiosas, de la que el Nazareno de San Roque sería un claro ejemplo. El icono religioso se convierte en un símbolo con una fuerte dimensión humanizada. Aunque las imágenes representan a la Virgen María o a Jesús cada una guarda un sentido especial, siendo individualizada por la propia comunidad que la hace suya, dotándolas, a veces, con nombres populares.

     

    Pero, retornando el relato a su lugar de origen, en el Gibraltar anterior a la ocupación inglesa,  la cofradía se encontraba en el convento de San Francisco  (actual residencia del gobernador británico). En 1653, el hermano mayor Jerónimo Aguilar Rubio, solicitó celebrar cabildo para la elección de fiscales y mayordomo. Y de las dificultades económicas daba cuenta el cofrade José de Palma al resaltar «la suma pobreza y cortas limosnas»,  por lo que en cierta ocasión la salida procesional desde el convento hubo de realizarse «con tan moderada cera como de seis hachas que un devoto daba para alumbrar la reliquia de Jesús».

     

    Cada Viernes Santo Gibraltar se vestía de gala para presenciar la procesión nazarena. Acompañada de los franciscanos del convento, hermanos cofrades y devotos con túnicas y portando cruces, la marcha comenzaba su recorrido a través de la actual calle Real

     

    La cofradía continuó en la nueva población bajo el título de Venerable Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno de la Ciudad de Gibraltar en San Roque, demostrando gran actividad.

     

    En octubre de 1763, hallándose la imagen en la ermita de San Felipe, la junta de la hermandad, formada por Juan de Ros y Puente, José Rodríguez, José de los Santos Izquierdo, Manuel Figueroa, Salvador Noguera, Gabriel de Villalta, José Guerrero, Fernando Torres, Pedro Antonio Lucena y Diego de Portugal, remitió una carta al Obispado de Cádiz, por la que se solicitaba sitio para una capilla en la parroquia de Santa María la Coronada, la iglesia principal.

     

    Posteriormente, la antiquísima imagen, cuyo autor se desconoce pasó a la capilla de la Visitación, donde actualmente se encuentra, y desde donde realiza estación de penitencia cada Jueves Santo, junto a la otra imagen titular, la Virgen de los Dolores, efectuándose el popular Santo Encuentro. Luego, integrada en la Procesión Magna, vuelve a salir el Viernes Santo.

     

    Actualmente bajo la denominación de Venerable Hermandad de Penitencia de Nuestro Padre Jesús Nazareno y María Santísima de los Dolores, constituye una cofradía de enorme solera, pues ha mantenido una existencia continuada desde la recuperación de la imagen, unida a su etapa gibraltareña, remontada, al menos, al siglo XVII.