Martes, 18 de Diciembre de 2018

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    Los primeros pasos del Gibraltar exiliado

  • Detalle de la impresionante obra del escultor sanroqueño Luis Ortega Bru «El Éxodo». Homenaje al pueblo que salió de Gibraltar. Palacio de los Gobernadores. Foto APG
    Antonio Pérez Girón

    El próximo lunes 21 de mayo celebra la ciudad de San Roque el día de su fundación. Una fecha significativa para quienes son dignos herederos del pueblo gibraltareño que, de manera mayoritaria, salió de Gibraltar tras la ocupación por los ingleses en plena Guerra de Sucesión, el 4 de agosto de 1704.

    En ese día conmemoraban los gibraltareños su marcha de Gibraltar  y  su traslación a la loma de la ermita de San Roque, con la esperanza de retornar a sus casas cuando la ocasión lo permitiese. Sin embargo, basado en el despacho real fechado el 21 de mayo de 1706, para la reorganización del Cabildo trasladado desde el Peñón, en el segundo mandato  de los ayuntamientos democráticos, se optó por cambiar la efeméride a dicho día 21. Una fecha que se entendía más festiva.

    La mencionada orden de Palacio iba dirigida al regidor decano Rodrigo Muñoz Gallego para que juntase a los regidores y, consecuentemente, se efectuase la debida organización municipal, que combatiese también los usos inadecuados que se venían produciendo en las dehesas, arboledas y pastos públicos. 

    La histórica reunión tuvo lugar en la viña de Benito Rodríguez el 18 de junio. A partir de este encuentro se restablecieron las reuniones periódicas de los regidores, que hasta que no se contó con un edificio propio, tenían lugar en distintas propiedades campestres.

    Fue en torno a la ermita donde surgiría el núcleo central de la ciudad de San Roque, digna heredera del Gibraltar perdido, de la que recibiría su término municipal. El 20 de diciembre de 1705 se realizó el primer bautismo en el Real Hospicio de San Roque (cuando ello se producía figuraba en los registros como nacidos en Gibraltar). Y en el cementerio del Real Hospital de Sangre tuvo lugar el primer enterramiento registrado, el del teniente Pedro Rodríguez de Acosta.

    Entre quienes tuvieron un papel determinante para que la nueva ciudad se constituyese en los pagos de San Roque,  se encontraban Guillermo Hillson y Diego Ponce, que no pertenecían al Cabildo, pero que contaban con enorme prestigio entre sus convecinos. Hillson construyó su casa junto a la ermita y mandó levantar otras tres para facilitar la concentración de familias en dicho lugar. También ayudó a los más pobres a levantar sus viviendas y chozas, principalmente a las sesenta familias que se habían trasladado a terrenos del cortijo de Albalate

    A esa labor hay que añadir la de José Pizano, que facilitaba productos de Los Algarbes, la huerta que tenía en las proximidades de la ermita. Un movimiento de hermandad inundó al pueblo trasladado.

    La población pasó a organizarse nombrando los diputados para su buen funcionamiento, juez de menores, vigilantes de las torres del término, barqueros para los ríos Guadarranque, Palmones y Guadiaro, ordenó la explotación de los montes y la pesca, sacó  a subasta los apostaderos y estableció médico para la asistencia del Campo, cuya población iba en aumento. 

    De otro lado, el débil bloqueo provocó que desde Gibraltar se realizaran incursiones en la zona, con robos y secuestros. En 1709 se solicitó al rey  un aumento de la fuerza militar para evitar estas acciones, y en 1712, se pedía la instalación de una cárcel, que no llegaría hasta cuatro años más tarde. 

    En 1715, tras gestiones que llevaron varios años, pudo rescatarse un conjunto de documentos que el escribano Rodrigo Porres había logrado sacar de Gibraltar. Conservado por su familia en la localidad de Ubrique, constaba de los privilegios de la ciudad, la cédula de concesión del escudo a la misma, los autos de proclamación de Felipe V y otras ordenanzas y documentos. 

    A principios de septiembre de ese año llegaba Domingo García Cuadros, primer maestro de escuela desde la pérdida de Gibraltar. El Cabildo destinó doscientos reales de vellón para que pudiera construirse una casa.

    Y en 1717, con gran disgusto para los pobladores, se marchó el médico Joaquín Gil López, siendo sustituido por Ignacio Ortíz Lobatón. Durante ese tiempo se instalaron los mercedarios de la Almoraima, fundando un hospicio para enfermos religiosos.

    Tan solo un año antes había llegado el primer corregidor de nombramiento real, Bernardo Díez de la Isla, confirmando la preponderancia del nuevo asentamiento. La población fue creciendo y la antigua ermita dio paso a la actual parroquia Santa María la Coronada. Había nacido San Roque, «donde reside la de Gibraltar», la ciudad de la esperanza.