Domingo, 17 de Febrero de 2019

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    El rey de Gran Bretaña se compromete a la devolución de Gibraltar

  • Imagen de parte de la carta y firma de Jorge I a Felipe V. Archivo Central de la Administración
    Antonio Pérez Girón

    El Tratado de Utrecht de 1713 cerró el conflicto derivado de la guerra sucesoria. Felipe V fue reconocido como monarca español, pero Gibraltar y Menorca (recuperada en 1781) fueron cedidas a Gran Bretaña. En Gibraltar se cedía la propiedad del castillo y la ciudad pero no la jurisdicción, algo que ha motivado múltiples interpretaciones. Quedaba suprimida la comunicación por tierra, aunque se permitió el intercambio comercial. Al mismo tiempo, España perdió todas sus posesiones en Italia y su influencia en el comercio con las Indias.

               

    Unos años después, tras una nueva guerra, parecía que la situación iba a dar un nuevo giro. El compromiso del rey Jorge I de restituir a España la plaza de Gibraltar no fue una decisión precipitada. Obedecía a la promesa que en el marco de la Cuádruple Alianza -creada en Londres el 2 de agosto de 1718-, había hecho el monarca británico al regente francés duque de Orleans. El regente lo había comunicado a Felipe V, y en nombre de Jorge I lo había hecho el ministro Stanhone. Esa buena disposición se plasmó en un tratado especial firmado en junio de 1721 por Gran Bretaña y España donde se recogía la restitución mutua de los territorios ocupados en la guerra de 1718.

     

    Una guerra marcada por el propósito de España de revisar lo acordado en Utrecht y que llevó al intento español de recuperar los territorios italianos entregados al imperio austriaco. El Tratado de La Haya puso fin al conflicto, pareciendo que podría abrirse un período de arreglos diplomáticos entre los contendientes, que facilitaría la recuperación de Gibraltar. Una determinación que, junto con la reivindicación de Menorca, se había convertido en una obsesión de Felipe V.

     

    Para mayor optimismo España ingresó en la Cuádruple Alianza en febrero de 1720 y acabó aceptando la cesión de los dominios italianos y el respeto a los privilegios comerciales de los británicos. Gran Bretaña a cambio de la paz se mostró dispuesta a entregar Gibraltar.

     

    La proposición para efectuar el retorno del Peñón ocasionó protestas en medios londinenses y el gobierno acabó retirándola del Parlamento, donde iba a ser tratada. Sin embargo ello no fue obstáculo para que el propio Jorge I se dirigiera a Felipe V manteniendo su compromiso.

     

    Gibraltar sufrió otros dos sitios por parte española. La breve guerra con Inglaterra (1727-1728), supuso una nueva oportunidad. En 1727 se concentraron 20.000 hombres en Punta Mala, donde un año más tarde se construiría el fuerte del mismo nombre. A pesar de los duros bombardeos, el 7 de mayo fracasó el asalto sobre la fortificada plaza.

               

    Por su alto valor histórico reproduzco aquí la epístola del monarca británico al rey de España:

     

    «Señor mi hermano: He sabido con extrema satisfacción por medio de mi embajador en vuestra corte que Vuestra Majestad está por fin resuelto a eliminar los obstáculos que por algún tiempo han dilatado el entero cumplimiento de nuestra unión. Puesto que por la confianza de Vuestra Majestad me testimonia puedo contar como restablecidos los tratados que entre nosotros se disputaron y como consecuencia intercambiados los instrumentos necesarios al comercio de mis súbditos, no dudo más en asegurar a Vuestra Majestad mi rapidez a satisfacerle por lo que respecta a su petición sobre la restitución de Gibraltar, prometiéndole que me valdré de la primera ocasión favorable para regular este artículo de acuerdo con mi Parlamento, y para dar a Vuestra Majestad una prueba ulterior de mi afecto he dado orden a mi embajador para que tan pronto como esté terminada la negociación de la que está encargado, proponga a Vuestra Majestad una nueva alianza, de común acuerdo y conjuntamente con la Francia, conveniente en las coyunturas presentes, no solamente para afirmar nuestra unión, sino para asegurar la tranquilidad de Europa. Vuestra Majestad puede estar persuadida de que por mi parte aportaré todas las complacencias posibles, ya que de ella me prometo una más perfecta y común ventaja para nuestros Reinos.

    Señor mi hermano, de Vuestra Majestad buen hermano. George R. En Saint James, el 1 de junio de 1721».