Martes, 19 de Junio de 2018

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    Simón Susarte, el humilde cabrero que pudo recuperar Gibraltar (I)

  • Monumento al gibraltareño Simón Susarte en el parque del mismo nombre
    Antonio Pérez Girón

    Algunos historiadores afirman que se salvó de la terrible acometida de las tropas enemigas, otros, sin embargo, recogen que pereció en aquella ratonera de la parte alta del Peñón. Y hay también quienes niegan la propia existencia de Simón Susarte, el humilde cabrero que estuvo a punto de reconquistar Gibraltar, la tierra en la que nació y vivió hasta la ocupación inglesa. En este artículo rememoraré la hazaña que, con enorme valentía y arrojo, protagonizó Susarte. En una segunda parte demostraré que no se trata de una leyenda construida de manera interesada, como ha circulado en más de una ocasión.

     

    La ciudad de San Roque, fundada por los gibraltareños exiliados, no olvidó aquella acción que pudo cambiar el signo de la historia. Fiel a su origen, una barriada lleva el nombre de este personaje y sendos monumentos realizados por el escultor Nacho Falgueras sobre el boceto realizado en su día por el insigne artista sanroqueño Luis Ortega Bru, mantiene su memoria, y con ella la de aquellos gibraltareños que salieron de su tierra en agosto de 1704.

     

    Un mes después de la pérdida de la ciudad, las tropas al mando del capitán general de Andalucía, marqués de Villadarias comenzaron el sitio para su recuperación. El marqués contó con nueve mil hombres reclutados en Andalucía y Extremadura, a los que se sumaron cuatrocientos gibraltareños, que  junto a la mayor parte de sus vecinos habían salido de la ciudad.  Por su parte, los aliados franceses al mando del general Cavanne aportaron tres mil hombres.

     

    Algunos textos recogen que el ataque se inició el 5 de septiembre. Sin embargo, hasta el 21 de octubre no comenzaron a construirse las primeras trincheras, y no sin correr grandes riesgos por el intenso bombardeo de los ingleses, que incluso habían colocado una galeota en el Muelle Viejo, ocasionando verdaderos estragos en el campamento español. Una incursión de los franceses logró destruirla, permitiendo un respiro a los atacantes.

     

    Si ya Villadarias había cometido el error de no escuchar las peticiones de Diego Salinas, defensor de Gibraltar cuando se produjo el ataque anglo-holandés, llamando su atención sobre una ciudad prácticamente desprotegida, ahora entraba en desavenencias con el que fuera gobernador del Peñón, desposeyéndole del mando e ignorando las indicaciones de quien conocía el terreno a la perfección.

     

    En ese contexto y, en versión de López de Ayala, recogida posteriormente por buena parte de los historiadores, en el campamento español se presentó un paisano que dijo conocer un camino para conducir a la tropa y sorprender al enemigo. Se trataba del cabrero Simón Rodríguez Susarte, gibraltareño y conocedor a la perfección de la montaña. La propuesta era dominar la parte alta y desde allí la ciudad con el apoyo del campamento español. Villadarias aceptó el plan y destinó quinientos de sus mejores hombres al mando del coronel Figueroa. Guiados por el cabrero subieron al Peñón a través de senderos y pasos difíciles. Sin ser sorprendidos redujeron a los centinelas y quedaron a la espera de la reacción de las fuerzas de Villadarias que, inexplicablemente, no hicieron movimiento alguno, abandonando a su suerte a los hombres de Figueroa.

     

    El enemigo tuvo tiempo de organizar la escalada hacia las posiciones españolas que resistieron en lucha cuerpo a cuerpo. Un reducido grupo guiado por el cabrero logró salvarse y llegar con indignación hasta el campo español.

     

    El mando francés había impuesto su decisión al español, no permitiendo que un simple cabrero se llevara la gloria militar que guardaban para ellos.

     

    A la acción de Susarte siguió un claro intento a cargo de los granaderos españoles. En febrero de 1705 estuvieron muy cerca de hacerse con la ciudad. Sin embargo, las fuerzas francesas que guardaban las espaldas de los atacantes, alegando que no podían aguantar más tiempo, dejaron sin protección a los granaderos que habían conseguido una interesante penetración, alcanzando el foso del castillo, obligándoles a retirarse, y dejando más de doscientos muertos sobre el terreno.

     

    Nuevamente, los franceses actuaron con la vista puesta en la llegada del general Tessé, prevista para el día siguiente, y que había de hacerse cargo del mando, por lo que no podían permitir que los españoles se llevaran la gloria de la reconquista. Los generales españoles se sintieron postergados con la presencia y atribuciones del francés, cuyos planes pronto se demostrarían como inútiles y en ocasiones hasta descabellados.

  • Datos

    20

    Casi 20 años lleva Gibraltar vertiendo aguas fecales directamente al mar en la zona de Punta Europa, según la condena del Tribunal Superior de Justicia de la Unión Europea. La oposición local, el GSD, y grupos ecologistas, entre ellos Verdemar, habían pedido en repetidas ocasiones la adecuación del tratamiento de aguas, sin resultado alguno por parte del gobierno.