Martes, 20 de Octubre de 2020
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Represión contra los curas liberales en el Campo de Gibraltar

  • Religiosos andaluces en una ilustración de 1836
    Religiosos andaluces en una ilustración de 1836
    Historia

    El fin del Trienio Constitucional se dejó notar especialmente en el Campo de Gibraltar. La represión contra los individuos que no habían conseguido huir a Gibraltar o refugiarse en la sierra, se desarrolló de manera inmediata y se prolongó durante los años siguientes.

    En 1824 fueron suspendidos de empleo los militares que habían pertenecido a la Milicia Nacional. Del mismo modo, los ayuntamientos absolutistas de la comarca se emplearon a fondo para que fuesen destituidos los empleados públicos constitucionalistas. San Roque, donde las ideas liberales habían cuajado significativamente, estuvo en el punto de mira de los nuevos gobernantes. Desde la Capitanía General de Andalucía se solicitó al Consistorio informes sobre la totalidad de los mandos del ejército establecidos en la localidad.

    Un ejemplo de ello fue el emitido sobre el teniente coronel Pedro Sierra, perteneciente al Regimiento de Galicia. En su respuesta, el Ayuntamiento indicaba que el citado militar, «dio muestras de su odio y oposición al llamado sistema constitucional, por cuya razón se hizo sospechoso a los compañeros que eran de opinión contraria». Añadía, que esta circunstancia había precipitado su licencia. Con idénticas referencias se refirió a los miembros del mismo regimiento, Pascual de la Calle y Ramón Pacheco. Sobre el segundo se destacaba que cuando un batallón de dicha fuerza se embarcó para Barcelona para defender la Constitución, se negó a partir y se refugió en Gibraltar.

    Distinta suerte corrió el grupo de seguidores del régimen constitucional. Al año siguiente, las detenciones arbitrarias ordenadas por el coronel del Regimiento Provincial de Granada, de guarnición en San Roque, alarmó a los propios regidores absolutistas. Así, el síndico, Cristóbal Infante lo denunció en una de las sesiones municipales. El citado coronel había mandado encerrar en la cárcel a un numeroso grupo de paisanos y había mandado apalear a uno de ellos en la Plaza de Armas. El Ayuntamiento calificó de «abusos» y de «exceso de autoridad» las medidas ordenadas, solicitando la puesta en libertad de «los paisanos que no resulten delincuentes». La represión ejercida por los militares realistas se había saldado con enfrentamientos en los que hubo heridos entre soldados y civiles.

    Las represalias alcanzaron al círculo de clérigos de signo progresista, que se movía en torno a la sanroqueña iglesia de Santa María la Coronada.  El arcipreste Manuel Villalba Galindo, conocido por sus ideas liberales, fue procesado criminalmente por la curia del Obispado.

    Desde el primer momento Manuel Villalba quedó señalado por los nuevos gobernantes, incluso por algún compañero religioso. Con la caída del sistema constitucional el general O´Donell llegó a la ciudad para participar en un acto religioso. Desde la Casa Consistorial se organizó un desfile presidido por un retrato de Fernando VII, que fue llevado hasta la cercana iglesia, donde tuvo lugar una misa. A la vuelta del desfile, según testimonio del cronista Lorenzo Valverde, el sacerdote Manuel Villalba fue obligado a dejar una de las varas de palio, acusado públicamente de liberal por su colega, el padre Concha.



    BONO TURISTICO ANDALUZ
    BONO TURISTICO ANDALUZ


    Desterrado de la ciudad, al igual que un nutrido grupo de vecinos, el sacerdote había logrado reunir en su defensa una serie de testigos que, aunque considerados de parciales por el tribunal, permitió su vuelta. Sin embargo, la oposición de los mandatarios municipales fue clara, calificando su retorno de «verdadera desgracia para este vecindario». Largo sería el ejercicio en la localidad de este sacerdote, pues estuvo desde 1812 a 1866.

    No menos favorable fueron los informes dados sobre el presbítero secularizado Fernando Domínguez, quien había predicado la Cuaresma en la localidad durante el sistema constitucional. El cura había sido miembro de la Sociedad Patriótica, que agrupaba a los liberales sanroqueños, siendo un orador asiduo «en nombre de la mal entendida libertad», resaltaba el Ayuntamiento.

    Fernández había arengado a los vecinos en defensa de la Constitución tras la intervención francesa para imponer el absolutismo. Para mayor encono de las nuevas autoridades, el religioso había predicado contra la Inquisición en la propia parroquia.

    El cura desempeñó un papel destacado en la difusión de las ideas liberales en la comarca y, con enorme riesgo, ayudó al refugio de perseguidos.

    Con tristeza y desolación los liberales campogibraltareños tuvieron noticia de la ejecución en Madrid del general Riego, el artífice de la restitución constitucional, y que tras su pronunciamiento de 1820, había entrado victorioso y pacíficamente en la comarca

    En San Roque, los liberales locales cerraron las puertas y ventanas de sus casas cuando, tras la detención de Riego, el corregidor Julián Ruiz Marín, mandó que repicaran las campanas y se tocaran trompetas por todas las calles. Los realistas centraron su jolgorio ante esas casas, montándose un monumental escándalo. Para mayor humillación, recogía Valverde, fue soltado un toro de cuerda al que llamaron con el nombre de Riego.




  • Abogados - Jiménez Laz y Cadenas
    Abogados - Jiménez Laz y Cadenas