Lunes, 16 de Mayo de 2022
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La sanroqueña Carmen Piña cumple cien años

  • Memoria viva de uno de los rincones más populares de San Roque

    Carmen Piña -a la izquierda- junto a su sobrino Jesús y su cuñada Isabel
    Carmen Piña -a la izquierda- junto a su sobrino Jesús y su cuñada Isabel
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    Coincidiendo con el Día de la Ciudad, la vecina Carmen Piña Cruces cumplirá cien años. Retrato vivo de la vida cotidiana de San Roque despierta el recuerdo asociado a esa parte del casco histórico donde ha transcurrido la mayor parte de su vida.

    Ese rincón formado por el último tramo de la calle San Nicolás -donde se halla su casa- y la Plaza de las Viudas -con sus desaparecidos patios de vecinos- y desde este punto hacia arriba enlazando con la Plaza Sagasta. Un espacio que trae a la memoria la hoguera de la noche de San Juan, las infantiles procesiones vivientes en Semana Santa, la escuela de niños -amiga se les denominaba- de Pepita García Trujillano, y el olor a pan recién salido del horno de cualquiera de las tres panaderías que coronaban las noches de la ciudad.

    Hasta la década de los ochenta y noventa del siglo pasado existieron esas panificadoras. En San Nicolás se hallaba la Espiga de Oro, de la familia Ledesma; en el inmediato callejón de la Paz, la de Domínguez, y en la Plaza Sagasta, la de Molina.

    Junto a la familia de Carmen Piña, casada con Rogelio Rocha, convivían otras en esa parte especialmente popular de San Roque. Los Iborra, los Casas, los Alcaide, los Barrero, los Pelayo, los Sañudo, Fructuosa -madre del comerciante Alberto Torres-, el guardia Baladez, María Córdoba, María Trujillano, María la Presa y tantas otras que habitaban una zona donde predominaban los patios compartidos de Josefa Quintero y el más grande, hoy rehabilitado por el Ayuntamiento y convertido en nuevas viviendas.





    Un lugar con mucha historia

    La Plaza de las Viudas había sido rebautizada por el franquismo con el nombre de Coronel Moscardó. En una vivienda de esta plaza se había alojado en 1898 cuando siendo teniente formaba parte de un batallón expedicionario que tenía previsto partir para Filipinas. El joven oficial se alojó en la vivienda de la vecina Elena Palanca, viuda del general Miguel de Guzmán. Allí conoció a la hija del matrimonio María Dolores, de la que se hizo novio, casándose en Madrid en 1906.

    Por su parte, la plaza Sagasta debe su nombre al reconocimiento que el Ayuntamiento quiso hacer en 1890 al presidente del Gobierno Práxedes Mateo Sagasta, porque en el programa de construcción de varios cruceros para la Armada, se adjudicó uno a Cádiz.

    Carmen Piña, no vivió esos momentos pero sí forma parte de ese mosaico de historias vecinales que su portentosa memoria mantiene, y que muchos que la conocen o en algún momento la han tratado, reconocen y admiran.

    En este sentido, José María Iborra, antiguo vecino de este bonito trozo del casco antiguo sanroqueño, sólo tiene palabras de reconocimiento y afecto: “su casa era una prolongación de la mía, donde con ocho hermanos no nos podíamos permitir muchas sutilezas”. Y añade: “me enseñó mecanografía en su casa y me permitía acceso a su teléfono, de los pocos que había en el pueblo. Me decía que yo era un niño muy bueno y un buen ejemplo para sus hijos”. Sus hijos Miguel Ángel y Juan Jesús, que junto con el resto de familiares, compartirán ese feliz e inolvidable día.




  • Abogados - Jiménez Laz y Cadenas
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